Pedri reveló el papel clave que jugó Messi cuando llegó al Barcelona: “Nos llevó al vestuario y…” :: Olé

Campeón del mundo con España y gran figura del Barcelona, a sus 23 años, la carrera de Pedri se produce a pasos agigantados. En una entrevista con The Players Tribune, el volante paró la pelota por un momento para hablar de sus inicios, de su familia y de sus primeros días en el Barsa, cuando tuvo de padrino nada menos que a Lionel Messi.
Pedri contó que, en su primer día de entrenamientos con el Barcelona, en plena pandemia, el primero que lo recibió en el club fue el 10 argentino: “Bajamos del taxi, voy a la caseta de seguridad y digo: “Hola, me llamo Pedri. Vengo a entrenar”. El guardia me hizo señas para que pasara, y no tenía ni idea de por dónde ir. Y cuando abrí la puerta de la zona de jugadores, adivinad quién fue la primera persona que vi. Literalmente, la primera persona. Es Leo. Está delante de mí. De verdad. Me quedé sin palabras. Intenté presentarme, pero no sé qué fue lo que dije. Leo me sonrió, me dijo que me relajara, y me acompañó al vestuario”.
Pedri contó que Messi fue clave para su integración en el plantel. “Llegué en el mismo momento que Trincão, y durante unos cuantos días, nos quedamos en el gimnasio después del entrenamiento, porque nos daba demasiada vergüenza entrar en el vestuario con todas aquellas leyendas: Busquets, Piqué, Jordi, Leo… (…) Estábamos alucinando solo con estar allí. Al final Leo se nos acercó un día. Se debió dar cuenta de lo que estaba pasando, y dijo: ‘Eh, ¿qué hacéis aquí? Venid dentro con nosotros’. Leo nos llevó al vestuario y nos mostró dónde sentarnos. Éramos como dos cachorritos. ‘¿Aquí? ¿Puedo sentarme aquí?´'”.
La prueba trunca en el Real Madrid
Según reveló en la misma nota, el destino de Pedri pudo haber sido muy distinto cuando lo llevaron a probarse al Real Madrid. “Mi padre me llevó a Madrid y, cuando llegué a la academia, todos los demás chicos estaban ya instalados en la residencia, e iban a clase todas las mañanas. Yo estaba por mi cuenta en el hotel todo el día, sin nada que hacer, aparte de mirar el teléfono hasta la hora del entrenamiento. Aquello no fue ideal para mi mentalidad. Después de una semana me enviaron de vuelta a casa. Simplemente no tenía que ser. Para ser sincero, fue una cura de humildad”, contó.
La nota completa
Fuente: www.ole.com.ar





